sábado, 26 de febrero de 2011

Se fue Don Antonio Machado

Hace unos días se cumplía el aniversario del fallecimiento en Francia de Antonio Machado.
Sobre todo un hombre bueno.

Sucede que en esta España bastarda de perros y gatos, de “Eurovisiones y veintitrés-efes^^ y Belenes,( sean o no Esteban)  tenemos la no menos bastarda y desagradecida costumbre de olvidar. De olvidarnos de todos aquellos que por nosotros pudieron hacer algún bien. Aquí somos más del rulo, la balconada y la picaresca. Y es que ya lo decía el pobre  Antonio: “ ...La España de charanga y pandereta,/ cerrado y sacristía/, devota de Frascuelo y de María/, de espíritu burlón y de alma quieta”.

Este poema hoy quizá, está más en vigor que nunca, ya que aunque con más tecnológica y social-mente avanzados que en su día, seguimos  tocando las castañuelas bajo el sol mientras el mundo gira sin nosotros. Es triste signo, de este país ir en todo cien años por detrás de su tiempo; y si bien ahora la distancia sea menos, lo cierto es que seguimos a la cola. Y esto no tiene aspecto de mejorar. Con la dura competencia del libre mercado y los países emergentes, China , los países del este  y de más nuevos-viejos continentes en crecimiento. De nuevo el mundo nos encuentra durmiendo la siesta bajo nuestra parra en lugar de especializarnos en algo concreto, ya que no podemos competir con la masificada y barata mano de obra que ofrecen en oriente. Por ejemplo en energías renovables, en lugar de sufragar una industria avocada a la extinción por múltiples motivos como es la minería del carbón. O bien remodelar la industria del calzado valenciana convirtiéndola en un excelencia de calidad como ha hecho en Italia alguna casa. Aquí, lo importamos todos… y se me ocurren muchos ejemplos y seguro que a ustedes más.

En fin, que a la humilde opinión de este pobre pintor y sin entrar en política de poca monta, que nos hagan perder de vista el ultimo horizonte de este pequeño artículo, esto es el mundo al revés. Corrupción y desorden donde se mire, mangoneo en las instituciones públicas, y  ya no decirlo en las privadas; fracaso escolar a la enésima potencia, jóvenes sin trabajo, trabajadores de sesenta y cinco años, con treinta y tantos cotizados que no pueden hacerlo, tele-basura y menosprecio de todo aquello que despide un mínimo aroma cultural. Desguaces humanos para millonarios que desecan al individuo en silicona y abdominales. Los ídolos con pies de barro del mañana son futbolistas y estrellitas (Castro) del destroce musical que no saben hacer ni la “O “con un canuto, si no es de marihuana  u otras cosas peores...Un desparrame de padre y muy señor mío.

No me tomen por un moralista ni mucho menos, pero tampoco intenten negarme que no es para echarse a llorar. Si el pobre Machado levantase la cabeza  de su mortal exilio en Francia, cogería la pluma y se enterraría de nuevo. Quien sabe...

El caso es que me gustaría, sin echarle la culpa a nadie, que todos hiciéramos un noble y serio ejercicio de reflexión,  y como decía  San francisco de Asís en lugar de preguntarnos-¿por qué va esa canción al festival de Eurovisión? ¿Por qué tengo que irme a Alemania? parasemos cinco minutos a pensar en silencio. Conste que Eurovisión me importa un “pigmento” morrón o azul marino... pero es así con todo. Nosotros tenemos la obligación de cambiar los mecanismos que nos han llevado a esto. Tomo como ejemplo al alcalde de un pueblecito granadino que ha salido en recientes fechas en un  late show de televisión. Este hombre es un ejemplo claro. Si a los ciudadanos les da la oportunidad de participar y los políticos desempeñan  honestamente su papel evitando costumbres crueles y burocracia, todo sucede de manera más sencilla ,eficaz y satisfactoria.

Es triste o debe serlo el amanecer diario de muchos que se quitan las legañas sin futuro.
No debemos dejar que nunca más nuestros buenos hombres y cerebros se nos mueran mas hallá de las fronteras patrias por falta de oportunidades, política, guerra o incomprensión, si no porque estén jubilados de vacaciones, bajo el sol, pero esta vez sí, con la satisfacción del trabajo bien hecho.

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